jueves, 2 de julio de 2009

Parada desconocida.


Perdida. Confundida. Sin encontrar la salida. Como en un autobús vacío sin parada alguna. En él, el calor me sofoca. No hay madie junto a mí pero extrañamente me sentía como si estubiese entre una gran multitud.
La desesperación me come a través de cada pensamiento...
Me siento atada a cada sentimiento, imponente por no poder expresarlos.
Miro a través del gran ventanal, no veo más que el vacío, la nada.
Puedo ver reflejada mi mirada en el cristal. A través de ella tan solo veo agonia, como una programa de televisión en el que ves dudas, inquietudes, miedos, la necesidad de libertad, incomprensión...
El movimiento del autobus me revuelve las tripas o quizá era lo que veía en mi mirada lo que me inquietaba.
En un pequeño instante comprendí que era como un autobus sin destino el cual no sabe donde parar, ni que sentir, ni como actuar.
Retiré mi mirada del cristal y me obligué a pensar que alguien más subirá, que me ayudará a marcar mi rumbo, que me indicará mi parada...

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